¿Recuerdan aquella espeluznante escena de la película Un perro andaluz en la que un hombre cortaba con una navaja el ojo de una mujer? En esta secuencia Luís Buñuel usó un código binario bastante sencillo: la potencia sexual masculina frente a la femenina, la luna y el ojo, la navaja y la nube que atravesaba la luna. Pero sin duda lo escabroso del asunto residía en la vinculación de un elemento orgánico blando (el ojo) con otro metálico, frío y afilado (la navaja). La sensación surrealista estaba servida. Mucho de esto tiene la nueva exposición de Álvaro Albaladejo (Granada, 1983), El Ojo y el Vértice, en la sala Ático del Palacio de los Condes de Gabia, cuyo título ya nos habla de una relación amenazante.
A simple vista, las piezas de Albaladejo presentan un corte geométrico exacto, limpio y en tonos monocromos. Una apariencia sobria y elegante que invade la sala y resuena con fuerza en toda la exposición generando un estado estético o anímico de pulcritud y asepsia. Tanto es así, que el propio espacio no parece formar parte de nuestra realidad, de nuestro mundo caótico y ruidoso, es -por supuesto- un espacio surrealista. Cabría aplaudir dicho aspecto, pues lo que dicen las obras individualmente, también lo dice la exposición en su conjunto: obra y espacio concuerdan en espíritu. Sin embargo, todo cambia cuando el espectador se aproxima a las piezas y las examina detenidamente. Es entonces cuando descubre el “elemento punzante”. Álvaro quiebra la perfección geométrica de sus esculturas con pequeñas incursiones que hacen referencia a lo siniestro, lo corrompido o lo defectuoso, activando un mecanismo evidentemente perverso, pues aquello que en principio parecía completo e impecable, se torna deficiente y malogrado. De este modo, Álvaro construye una serie de imágenes que podrían haber sido generadas por el subconsciente en estados de ensoñación o alucinación, circunstancias en las que resulta difícil discernir realidad y ficción.
Nocturna (2016) es una escultura constituida por dos elementos, una losa de piedra onix pulimentada en tonos ocres y una pirámide estilizada, estructura arquitectónica ésta última de gran carga simbólica y tradición ancestral. Materiales y formas rozan lo Mínimal, sin embargo el vértice superior de la pirámide se tuerce provocando una inflexión en el mensaje, y cambiando por completo esa sensación primigenia de perfección. La misma línea sigue Aposematismo (2016), un friso decorado con una serie de hojas de papiro que es atravesado por una forma serpentina. Es éste último elemento el que introduce “la pesadilla” y el miedo en el espectador. Más si cabe, cuando analizamos el título de la obra, Aposematismo, un fenómeno muy común en la naturaleza que consiste en que algunas plantas y animales presentan rasgos llamativos a los sentidos para alejar o matar a sus depredadores.
Junto a ésta pieza y en el suelo encontramos una bellísima columna de madera entorchada (Sin título, 2016), otro elemento arquitectónico de raigambre clásica que nos sorprende en las distancias cortas. Al acercarnos a esta pieza descubrimos que ha sido completamente asaetada por un ente desconocido. Un incidente siniestro del que no tenemos pistas. Pero, sin duda, una de las piezas más enigmáticas de la exposición es Obelisco (2015), monumento con forma de pilar cuyo piramidón o remate ha sido invertido e incrustado en la propia base del obelisco. Álvaro cierra dicha obra situando en el mismo la fotografía de un reno con la cornamenta flourescente, una práctica que se puso en marcha en Finlandia en 2014 para evitar accidentes de tráfico en las vías más transitadas por estos animales. Además de la practicidad de dicha “intervención pictórica”, la imagen de un reno con la cornamenta flourescente bien podría ser protagonista de un delirio o una alucinación. El artista nos traslada nuevamente a esa delgada línea que existe entre la realidad y la ficción.
Albaladejo, al igual que Buñuel, ha construido su propio lenguaje binario, un juego de contrarios que hacen aflorar el desconcierto y la extrañeza. La arquitectura versus lo orgánico; lo perfecto versus lo tarado; la vigilia versus la ensoñación. Quizá la obra más representativa de esta exposición sea R.C (2016), una gran masa rocosa hecha de poliuretano y pintada en un color metálico de cuyo interior sobresale un afilado cono del mismo tono. Este gran meteorito que parece traído de otro planeta es tan amenazante como atractivo, la misma gravedad que hizo que el ojo se aproximara al vértice, la consecuente tensión que provoca uno frente a otro.
Artista: Álvaro Albaladejo
Fechas: del 15 de julio al 18 de septiembre de 2016
Lugar: Palacio de los Condes de Gabia, Granada
Imágenes:
1- Álvaro Albaladejo – Nocturna (2016)
2- Álvaro Albaladejo – R.C.
3- Álvaro Albaladejo – Aposematismo
4- Álvaro Albaladejo – Detalle Obelisco