Edén, la última edición de Casa Antillón, tuvo lugar el pasado sábado 13 de junio durante tan solo doce horas. Hasta el presente, Casa Antillón se había realizado en espacios cerrados, pero en esta ocasión ha invadido la Casa de Campo, convirtiendo esta muestra de arte contemporáneo en una performance en sí, pues ¿hay alguna sala de exposiciones que pueda proporcionar más espacio que 1700 hectáreas para respetar el distanciamiento social?

Mapa de los puntos de exhibición de Casa Antillón en la Casa de Campo.
A lo largo de este recorrido podíamos encontrar desde obras mínimas a grandes instalaciones. Un ejemplo de obras completamente integradas con el entorno, que casi pasaban desapercibidas, eran las flores de Hadaly Villasclaras, situadas en el Puente de la Culebra o los móviles de Aida Salan, mimetizados con los pinos.
En Las Eras, Caesar Arenas había construido una cara con ramas, plenamente visible con un dron o con las cometas de Marta Galindo García, que ondeaban atravesando el skyline de Madrid dispuestas para quien quisiera volarlas. El trabajo de Marta Galindo, ahonda en la sobresaturación de imágenes digitales y la estética trash, transportando lo digital a lo físico. Así, con The sky is the limit busca no solo la reflexión estética sino también la diversión y desconexión.

Marta Galindo sujetando sus cometas de The sky is the limit en Edén de Casa Antillón. Fotografía cortesía de la artista.
Una ocupación relevante de esta edición fue la de Mora Carmen, quien había colocado sus características esculturas con forma de estalagmita en el Cementerio Ruinas, dotando al lugar de un toque solemne, como si de un Stonehenge contemporáneo se tratara. Con respecto a otras obras, una de las más llamativas en cuanto a la ocupación del espacio y repercusión en redes, fue la instalación Cielo, de Victoria Acebo y Manu Alba, la cual cubría de plata la tierra bajo las encinas, creando reflejos sobre las personas que se sentaban en este suelo. Eco 3, creado con un material similar a Cielo, fue la propuesta de Ángela Jiménez Durán. Ella define el conjunto de su trabajo como una historia formada por elipsis y fragmentos. En este caso, Eco 3 despareció antes de tiempo por la intervención policial, ¿no resulta poético cuánto completa esto al significado de la obra?

Eco 3, de Ángela Jiménez Durán. Fotografía cortesía de la artista.
Según describe la organización de Casa Antillón, con esta edición pretendían que lo doméstico se transformara ahora en la domesticidad del exterior, quizá el picnic Goyesco, al aire libre sea la mejor manera de quedar para merendar. Así lo representaba perfectamente la obra Picnic Imposible de Gador Salis y Julio Galindo, quienes habían construido pieza a pieza un picnic de cerámica, colocado en mitad de la naturaleza junto a la Casa de Vacas. Quizás sea por la combinación entre la inocencia y el cuidado por el detalle por lo que esta obra merece una especial atención. Se trata de un picnic literal, un picnic que dura para siempre, un picnic-dream -como ellos explican-, cuyas piezas, por cierto, se encuentran disponibles a la venta.

Picnic Imposible de Gador Salis y Julio Galindo para Casa Antillón. Fotografía cortesía de los artistas.
Casa Antillón destaca por tres cosas:
La primera, la cantidad de propuestas diferentes e innovadoras, así como artistas, que son capaces de reunir, sacando a relucir muchísimo talento joven a menudo invisibilizado.
La segunda, la utilización del espacio. Donde ocurre Casa Antillón el espacio se transforma, deja de ser un edificio, un piso, un teatro, la Casa de Campo… para ser eso y otra cosa.
La tercera, el tiempo: Casa Antillón ya ha pasado y te lo has perdido.
Etiquetas: Casa Antillón Last modified: 16 junio, 2020