Solo Fernando G. Méndez (Coín, 1988) podía plantear una exposición retrospectiva en los inicios de su carrera: Greatest Hits, y lo hace tranquilo, respaldado por el significado del término “retrospectivo”. Y es que entendemos que lo restrospectivo ha de acontecer al final de la vida del artista, convirtiéndose en una mera revisión de su producción vital. Nos olvidamos de lo mucho que el asunto tiene de “rito de paso”, de etapas quemadas que abren nuevos ciclos, de observación-conclusión. La Empírica (Granada) acoge esta “retrospectiva de juventud”, una selección de los primeros trabajos artísticos de Méndez, época intensamente marcada por la experimentación universitaria, los proyectos site specific y la inexperiencia -en el mejor de los sentidos-, y una declaración de intenciones en la que el artista anuncia cuales son los caminos que habrá de transitar.
Como cabe esperar de este neófito, sus trabajos son dispares y tratan cuestiones de distinta índole, sin embargo, existe un hilo conductor que hilvana toda la muestra: la ironía. Esta es su seña de identidad. La obra de Fernando oscila continuamente entre la crítica y el humor, tomando a veces un tono más grave, y otras más gamberro. Ocurre así en CALORCA (2010), un vídeo en el que el artista y dos amigos más repiten sin parar el apellido del celebérrimo escritor granadino, Federico García Lorca, generando un trifelio simple, un juego de palabras -Lorca, Calor- que nos habla, metafóricamente, del agotamiento y hastío ciudadano frente a la explotación desmedida de la figura del literato -“Lorca me causa calor”, indica el artista-, y es que difícilmente encontremos en la ciudad nazarí una programación cultural exenta de la temática lorquiana. En este sentido Fernando se aproxima al trabajo de Rogelio López Cuenca y a sus críticas sobre el modo en que la ciudad de Málaga ha exprimido la figura de Picasso.
Como podemos observar y a pesar de su juventud, Méndez es capaz de generar interesantes reflexiones sobre identidad sociocultural y política. Así ocurre en Fallen Star (2015), una pieza menos humorística y más crítica que el artista desarrolló durante su estancia Erasmus en Polonia. Fernando decidió trabajar con un supermercado en ruinas de la cadena Biedronka situado en la ciudad de Poznań. El nombre de la cadena, Biedronka, viene de la palabra polaca “Bieda”, esto es, pobreza. Con las maderas de la estructura el artista construyó una estrella rota y desvencijada, que por cierto se echa de menos en la exposición, pues Fernando solo ha presentado material documental de la acción. Este proyecto habría de nacer en Polonia, uno de los países de Europa del este en vías de desarrollo salvaje en el que todavía se están borrando las huellas de un pasado poco glorioso, y en el que conviven realidades de muy distinto signo. Las doce estrellas doradas de la bandera europea se convierten en un proyecto deshecho, edificado sobre escombros, metáfora exacta de lo que es Europa, un collage de países y realidades que no casan y al que continuamente le acucian problemas de inmigración, racismo y desigualdad. En la convivencia de una comunidad tan variopinta como es la europea se producen desencuentros y variaciones del patrón social que Fernando ha materializado en Discontinuo (disidencias) (2016).
En la misma línea de análisis y comentario se sitúa Revolution (2013), una pieza mural e instalativa que surge de una serie de indagaciones que el artista hace sobre el término “Revolución”, el cual ha sido machado y vilipendiado históricamente tanto por los medios de comunicación como por quienes lo han reivindicado. La revolución para el artista es un cúmulo de graffitis borrosos sobre la pared, un término poco definido que para unos significa lucha y para otros peligro. Con esta obra, Fernando no solo nos hace reflexionar sobre el sentido de la palabra “Revolución”, sino también sobre las vías de comunicación ideológicas y políticas más elementales (pintadas, posters, panfletos,…) y sobre su efectividad, tema de rabiosa actualidad.
La facilidad de Fernando para generar metáforas en relación a las situaciones político-sociales actuales hace que ciertas obras más íntimas o de temática más banal queden en segundo plano. Ocurre así con S/T (Infinito) (2012) o con Youtube (2015). La primera resulta interesante porque plasma uno de los aspectos más idiosincrásicos de su obra: la insistencia o reiteración sobre un símbolo hasta pulverizarlo -como ocurre en CALORCA o Revolution– . La segunda no deja de ser una carcajada sobre la inutilidad de los objetos que se convierten en ready made.
Greatest Hits es una exposición sumamente descarada e inmadura, un autentico canto a la naturalidad y la espontaneidad de la juventud, una muestra que se inscribe muy coherentemente en el programa de exposiciones de jóvenes artistas de la Facultad de Bellas Artes de Granada, Circuitos 2016. Falta asentar conceptos, definir líneas de trabajo, mejorar algunos aspectos técnicos… pero ésto es algo que Fernando conseguirá con el tiempo. La materia prima de la que parte es de gran calidad.
Artista: Fernando G. Méndez
Fechas: desde el 9 de junio al 4 de julio de 2016
Lugar: La Empírica, Granada