“El hombre es un lobo para el hombre” (en latín homo homini lupus) es una de las frases más célebres de la obra dramática Asinaria del comediógrafo latino Plauto. La frase, en el contexto de la obra, se convierte en la metáfora del animal salvaje que el hombre lleva dentro, un ser capaz de realizar las peores atrocidades y barbaridades contra los seres de su propia especie. Acciones como dirigir guerras, practicar exterminio a un grupo social, realizar atentados o asesinar, entre otras. Aunque la obra del jiennense Miguel Ángel Vázquez Vera (1988) presenta una estética aparentemente aséptica, cercana a la cerámica clásica griega, plantea una dura crítica a la sociedad de crueldad, furia y banalidad que transitamos. El recientemente inaugurado Espacio Lavadero, enclavado en pleno barrio granadino del Realejo y dirigido por el artista plástico Miguel Ángel Moreno Carretero, muestra las indagaciones de Vázquez Vera, una serie de 12 pinturas que oscilan desde el pequeño al mediano formato y que suponen una revisión contemporánea de los temas propios de la cultura griega.
Qué duda cabe que Vázquez Vera ha elegido el lenguaje de la cerámica griega por su enorme carácter narrativo, al cual dedicó hace unos años su investigación doctoral. La relevancia de esta manifestación plástica, que históricamente ha sido considerada un arte menor, radica en la amplitud de necesidades a las que respondió, pero también en su capacidad simbólica y representativa. Los objetos cerámicos relataron el modo de vida griego, siendo el tema bélico uno de los favoritos. Para los griegos la guerra suponía una situación temida pero deseada, pues era la ocasión de demostrar el valor, la fortaleza y la destreza del hombre, es decir, la areté, la «excelencia» que le daría fama y honor entre sus conciudadanos y haría perdurar su nombre y sus hazañas a lo largo de las generaciones. En las pinturas de Vázquez Vera también la violencia es protagonista, sin embargo, en éstas no hay rastro de dignidad, sino más bien de deshonra y vileza. Las escenas están conformadas por grupos de personajes mixtos en los que el artista demuestra su sobrado conocimiento sobre la técnica representativa: vistas frontales para el torso y laterales para las extremidades; ocurre lo mismo con la construcción del cuerpo humano, el cual es definido con pocas líneas y superficies de color monocromas, acentuando la planitud de la figura. En esa miscelánea de roles encontramos al hombre firme (apolíneo) y al corrupto (dionisiaco). Éstos últimos son representados como monstruos míticos (el centauro) o como seres que portan máscaras propias del teatro griego, ocultando su identidad para generar la muerte y el caos. Algunos de estos individuos llevan consigo fusiles de asalto y otro tipo de armas, elementos anacrónicos, que sin embargo, nos hacen conectar directamente con el imaginario de violencia y terror que se vive en algunos lugares del mundo. Piezas como Composición en niveles (2016) nos pueden recordar a los asaltos de los hogares sirios, otras como La rueda de la tortura (2016) a los castigos físicos que las fuerzas penitenciarias infringen a los presos de Guantánamo. La omnipresencia de la violencia en nuestras vidas ha transformado nuestra percepción de la misma banalizándola e insensibilizándonos. Uno de los recursos pictóricos que mejor transmite ese marco de frivolidad será el uso de un lenguaje virtual, como de videojuego de los ochenta, para la construcción de los entornos. Hablamos de paisajes conformados por un único motivo geométrico que se repite de manera infinita, llegando a prolongarse más allá del lienzo, y situando a los personajes en una geografía etérea (el mar o el bosque), nada detallada. Un escenario virtual en el que suele ser habitual la muerte y la destrucción.
En contraposición a la virulencia desmedida del hombre, y tal como ocurre en las propias cerámicas griegas, encontramos a la figura femenina. La mujer en la obra Vázquez Vera es un ser capaz de fluir con la energía de la naturaleza sin necesidad de conflicto ni lucha. Ésta aparece como víctima (pocas veces como verdugo) y generalmente asociada al conocimiento del universo, convirtiéndose en una especie de diosa creadora o alma mater. El artista describe de esta manera su propia cosmogonía: un mundo en el que personajes de distinto sexo y condición conviven interrelacionándose de maneras muy distintas en un espacio ancho en el que existe cielo, tierra y mar (S/T, 2016).
La cultura y el arte, reflejos más o menos fieles de una sociedad, también tienen un papel protagonista en esta exposición. Algunas pinturas de facción cubista y grandes modelos marmóreos propios del mundo clásico son trasladados al plano pictórico invitándonos a reflexionar sobre el tipo de vestigios y mensajes que dejaremos a las futuras generaciones. Pasado y presente se unen en la obra de Vázquez Vera poniendo en tela de juicio la evolución histórica de la humanidad y remarcando la idea de que el hombre nunca dejará de ser un lobo para el hombre.
Artista: Miguel Ángel Vázquez Vera
Fechas: Hasta el 15 de marzo de 2018
Lugar: Espacio Lavadero (Granada)