Visit Sponsor

Written by: #IWantToCollect Coleccionismo

I WANT TO COLLECT: Desmontando Mitos I

Existe en el mundo contemporáneo una tendencia por la que, debido a la propia naturaleza del arte, por su componente espiritual, nos inclinamos a establecer esta actividad en algún lugar entre la tierra y el cielo en el cual, hablar de ‘mercado’, de cualquier elemento que suene a ‘transacción’ ensucia, desmerece y parece que a veces, hasta se muestra como un insulto a tan alta actividad.

Por otro lado y de manera contradictoria, asistimos a la compra de obras de arte por estratosféricas sumas de dinero (Damien Hirst. «Por el amor de dios» (For the love of god) 77 millones de Euros) (Jeff Koons. «Baloon Dog-Orange» 58 millones de Dolares).

Vamos a dejar de lado por el momento estas ventas millonarias y el territorio de la especulación en el mercado del arte y vamos a enfocarnos en tratar de acometer la ruptura de dos mitos:

  • Los artistas no comen.
  • Comprar arte es exclusivamente para millonarios.

Creo que sirve perfectamente de ilustración para este apartado la famosa sentencia que todos hemos utilizado en alguna ocasión en el habla coloquial de: Hacer algo por amor al arte.

Prácticamente desde el origen de las sociedades, el «artesano» que realizaba esculturas para templos o pinturas para iglesias, recibía un justo tributo por su labor. De manera progresiva su «tarifa» se incrementaba en función de su buen hacer, la delicadeza en su ejecución y la fama que paulatinamente esto le propiciaba.

Si proseguimos recorriendo la historia del arte y llegamos hasta el Renacimiento o  el Barroco, encontramos que artistas como Miguel Ángel o Diego de Velázquez, eran subvencionados, promocionados por grandes mecenas (Lorenzo de Medici- Julio II) o reyes (Felipe IV).

A todos se nos viene a la cabeza la triste historia de Van Gogh que murió prácticamente en la miseria habiendo vendido tan solo una obra en vida (‘Viñedo rojo’ 1890 por 400 francos) y de alguna manera casi «perversa» pensamos que ese es el modelo de artista verdadero, el que consagra una vida llena de penalidades a la tan elevada actividad de la creación artística.

En contra de esta teoría, proponemos dos casos en los que fue precisamente lo que contrario, lo que propició las condiciones perfectas para el trabajo de dos de las más grandes figuras de la historia artística, Paul Cézanne y Pablo Picasso.

Cézanne, provenía de una familia adinerada y no fue hasta la muerte de su padre en 1886 cuando mediante la herencia, que incluía a parte de dinero la propiedad de Aix-en-Provence, pudo establecerse y dedicarse en cuerpo y alma a la investigación plástica. Por otro lado Picasso, casi desde los albores de su carrera, gozó de un gran reconocimiento, no tenía dificultad a la hora de vender sus piezas y jamás sufrió penurias económicas.

Consideramos por lo tanto, y creo que nadie puede opinar lo contrario, que los artistas, tienen que comer, duermen, tienen necesidades, tienen que vivir. Tienen por lo tanto, que recibir una compensación económica por su trabajo.

El magnífico artículo que Bea Espejo lanzaba en 2016 desde «El Cultural» (http://m.elcultural.com/noticias/arte/De-que-viven-los-artistas/9565) recuperaba los datos resultantes del Estudio sobre la actividad económica de los artistas en España coordinado por Isidro López Aparicio (Universidad de Granada) y Marta Pérez Ibáñez (Universidad Antonio de Nebrija). Según este estudio «Más del 45% de los artistas afirma que sus ingresos totales anuales, ya sea por actividades artísticas o de otra índole, se sitúa por debajo de los 8.000 euros, es decir, por debajo del salario mínimo interprofesional en España«. Tradicionalmente, el medio de subsistencia de la mayoría de artistas, es de la enseñanza o, en el caso de la fotografía, de los trabajos comerciales en publicidad o moda. Luego están las conferencias y talleres, el montaje de exposiciones para galerías o museos, y el comisariado en algunos casos.

En el artículo, diferentes artistas aportan su visión que va desde la mas reivindicativa de Juan López, para el que debería existir un mayor apoyo institucional; Alicia Framis, que pone de manifiesto los condicionamientos del mercado, como afectan a las obras y de igual modo la evidencia del monopolio en los que unos pocos manejan la situación o David Bestué, quien ante las dificultades manifiesta: «Lo ideal sería vivir de vender lo que voy haciendo«.

Nosotros pensamos que la realidad pasa por una suma de todas estas posiciones.

Por otro lado, las galerías de arte nos hacen llegar el trabajo de estos artistas, les promocionan y apoyan, nos proporcionan un espacio físico donde contemplar y admirar su obra, tienen que pagar un alquiler, unos impuestos y desde luego también, comer. Se puede amar el arte, sin sufrir.

Créditos de la Foto:
Joanna Penn – Damien Hirst – For the love of god
Creative Commons: https://www.flickr.com/photos/38314728@N08/707392221

Etiquetas: Last modified: 25 septiembre, 2018