La galería Marlborough cierra un ciclo de 32 años de historia del galerismo en nuestro país, que se inició en 1992 con su primera gran exposición dedicada a Francis Bacon, ahora termina su recorrido con la exposición Entre dos horizontes, de la artista Soledad Sevilla (Valencia, 1944). Una muestra que precede a la gran exposición que el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía dedicará a partir de septiembre a la artista, una de las principales representantes de la abstracción geométrica en España.

Entre dos horizontes incluirá una treintena de nuevas obras y una instalación site specific que parten del concepto de horizonte, del signo primario de la línea y del color, articulándose de modo contundente y sintético en el plano pictórico y espacial. Estas obras surgen a partir de una pequeña pintura de Eusebio Sempere (Alicante, 1923-1985), muy presente en la vida de la artista, cuyas primeras interpretaciones se materializaron en formato reducido mediante grafito para luego expandirse a sus formatos habituales e investigar una paleta de colores diferente a la inicial. El resultado es un conjunto de pinturas caracterizadas por el rigor geométrico, la capacidad para la modulación tonal, la meticulosidad y el efecto atmosférico que hace emerger en ellas una luminosidad mística.
A raíz de “la profunda y entrañable amistad” con Sempere, surgida cuando se conocieron en el Centro de Cálculo de la Universidad Complutense de Madrid, observamos su interés común por la línea. “Siempre he creado obras a partir de una línea”, enfatiza la artista en más de una ocasión. “En el fondo, a partir de la línea, que puede ser ínfima, por acumulación o por repetición, juego con el espacio y al eliminar la unidad permito que aparezca algo distinto. Nunca he sido figurativa”. En efecto, ha traducido la solemne gravedad de ciertos modelos históricos (como fueron el Color Field estadounidense o el arte minimalista) a un lenguaje visual propio, intensivo y lacónico.
La línea, en su práctica, se ha superpuesto para la creación de retículas, como se ha visto en el estudio en profundidad de la obra «Las Meninas» de Velázquez o en la serie reinterpretativa de «La Alhambra». Es cierto que, hacia finales de los años 90, la retícula desaparece dando lugar a una geometría particular y a formas orgánicas (como en la serie «Muros» o en la dedicada al «Apostolado» de Rubens); en esta ocasión su presencia es minoritaria, pues toma protagonismo la línea horizontal -bien sea por los títulos de las obras, bien por su configuración formal- que alude al concepto de horizonte, cuya existencia se estructura a través de nuestro sentido de la vista ya que, comoquiera que uno mire, el horizonte permanece al nivel de nuestros ojos.
La artista nos señala la belleza de la línea recta a la vez que entra en materia al brindarnos la posibilidad de entender el horizonte como una línea en tres dimensiones. El aspecto tridimensional se puede apreciar de manera literal en la instalación titulada «Persecución de lo minúsculo» (2024), que también presenta su interés por la línea al contar con una sucesión de más de siete centenares de alfileres de cabeza redonda (cuya mitad de la superficie está pintada de negro) en las cuatro paredes de la sala de la galería que la acoge.
Con estas líneas, la artista destila y retiene, parafraseando al escritor chino Lu Ji, “la extrema agudeza del más fino cabello”. En ellas podemos observar cómo los hilos forman una gran corriente que encierra lo inmenso de una amistad y la profunda hondura del horizonte de uno mismo. “Así, el lenguaje se amplía y lo ocupa todo por entero. El pensamiento profundiza y llega a lo insondable”. Podemos rasguear cada línea para escuchar los acontecimientos que nunca llegamos a alcanzar, pero nunca dejamos de perseguir.
Fechas: Del 30 de mayo al 29 de junio de 2024
Lugar: Marlborough Madrid