Aunque ya lo he dicho en otro lugar –Brigada Mixta-, lo reitero: conocí a Francisco Pino en una exposición de la Casa Revilla de Valladolid, organizada con la colaboración inestimable de la Fundación Jorge Guillén, ese extraño baluarte de cultura que persiste. A Jorge Guillén llegué mucho antes, por recomendación de un profesor de Filosofía durante el Bachillerato. Con su Cántico entré en la poesía, aunque nunca he sido yo mucho de eso. Después vendrían Rosa Chacel, Eugenio Ampudia y Dora García, entre otros.
Decía Eduardo Hurtado hace algún tiempo algo así como que es muy difícil construir algo bueno sin tener una base sobre la que trabajar. Por eso tener una escuela -en el sentido de tener en común unos rasgos distintivos que caracterizan la producción de un grupo- es fundamental para poder continuar haciendo vanguardia. O retaguardia, mejor dicho, tal y como afirma Andrés Carretero. O, si preferimos, dejemos de lado la terminología militar y empecemos a pensar en otros términos más blandos, tal y como propone el también vallisoletano Javier Rodrigo, una de las cabezas al frente de Transductores.
Me perdí la exposición “Escrito está. Poesía experimental en España 1963-1984” que tuvo lugar en 2010 gracias a la colaboración del Museo Patio Herreriano y el ARTIUM de Vitoria y que fuera comisariada por Fernando Millán. En ella se reunieron trabajos no sólo de Joan Brossa o del Grupo ZAJ, sino también de Francisco Pino, este personaje que hoy nos convoca. Dicha exposición presumiblemente complementaría a la perfección esta “Constelaciones. Poesía experimental en España (1963-2016)”, que acompaña a “Una realidad tan nada” en el MUSAC. Su objetivo conjunto de incluir el trabajo de vanguardia español en el circuito europeo, responde también a esa necesidad de escuela -no ya regional sino estatal- y a esta especie de complejo de inferioridad que seguimos padeciendo y tanto nos limita. Tenemos que paliar nuestra ignorancia.
Algunos otros homenajes se le habían dado a Francisco Pino, pero nunca un museo de la importancia del MUSAC había realizado un reconocimiento tan profundo y extenso. La mano de Alberto Santamaría, comisario de la muestra, ha seleccionado hábilmente, descubierto, hecho público y situado el trabajo de este poeta vanguardista silenciado recogiendo el legado repartido en colecciones privadas, la Fundación Jorge Guillén -que conserva un Premio de poesía experimental que lleva su nombre- y el Archivo Lafuente. Pino, como otros, supo situarse a la cabeza de la cultura en un ambiente hostil, desde una ciudad conservadora y de provincias, manteniendo el contacto directo con escritores, artistas y galeristas. Esto le situó en una importante tensión entre la tradición y la vanguardia que marca su trabajo inicial y a la que sigue la permanente tensión entre su visión política de izquierdas y su conservadurismo religioso. Para él la poesía era una actitud vital que desbordaba las palabras y las hojas y se convertía en dibujos, marcas, señales o piedras, tomando tres dimensiones y adquiriendo otro carácter. Porque, como él dijo y vemos en la muestra, “en boca callada no entran moscas, y en página en blanco no hay errores”: hay que arriesgarse y decir.
Si en el 27 conoció a Guillén -ese que realizó unas preciosas publicaciones con el gran José Guerrero-, en el 28 fundó con el también burgués Jose María Luelmo la revista Meseta, en el 31 DDOOSS y en el 34 A la nueva ventura, a las que siguieron otras varias, continuando con la faceta de editor independiente hasta las Carpetas en los 70. Al final de su vida se retiró al Pinar de Antequera, desde donde continúa produciendo vanguardia hasta su muerte en 2002.
El collage o el mail art, pero también la estampación o las diapositivas son algunos de los recursos utilizados por Pino que podemos ver en la muestra, a los que se suman las preciosas ediciones de las revistas mencionadas. Todo un canto a la fusión de disciplinas y a la extensión de los campos de la poesía y el arte. Un canto que surge desde el fondo del valle, como diría Kiko Sumillera.
Imágenes:
1- Francisco Pino. Una realidad tan nada. Vista de la exposición en MUSAC, Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León. Enero-mayo 2017. Cortesía MUSAC
2-Francisco Pino. Una realidad tan nada. Vista de la exposición en MUSAC, Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León. Enero-mayo 2017. Cortesía MUSAC
3- Francisco Pino. Postal (s.d.). De la serie Mail Art. Cortesía de la Fundación Jorge Guillén, Valladolid