«¿En qué consiste mi trabajo? Estudié pintura, escultura, fotografía y dibujo, pero me sentí atraída sobre todo por los tejidos. Practico una especie de arte textil. Desarrollo ambientes, fabrico objetos con hilo, tejo textiles, construyo esculturas blandas, bajorrelieves; diseño y produzco objetos utilitarios con hilos.» Sheila Hicks
Más allá de la superación del modelo histórico de la tapicería, Sheila Hicks ha construido una obra inclasificable y ahora ineludible, que se mueve con soltura entre el arte, el diseño y la decoración, entre el legado modernista y las tradiciones no occidentales. Alumna de Josef Albers en la Universidad de Yale (Estados Unidos), realizó un viaje a América del Sur a finales de la década de 1950 que para ella sería decisivo, y quedó fascinada por los tejidos precolombinos.
Esta exposición monográfica, la primera de la artista en España, presenta la variedad del trabajo de Hicks, desde obras de dimensiones arquitectónicas hasta pequeños tejidos y fotografías. La exposición no sigue un recorrido cronológico para favorecer una experiencia sensible y una inmersión más directa en el universo formal, material y cromático de la artista.

Sheila Hicks. Entre arte y artesanía
Sheila Hicks nació en 1934 en Hastings, Nebraska, Estados Unidos, y reside en París desde la segunda mitad de los años 1960. En 1954 ingresó en la Universidad de Yale y estudió, entre otros, con el pintor Josef Albers, figura histórica de la Bauhaus y gran teórico del color, que dirigía el departamento de diseño. De su mano, Hicks se orientó hacia una obra abierta, libre y plural que abarca y desjerarquiza las prácticas artísticas y artesanales.
Asimismo, prestó especial atención a los colores y a su integración en el espacio. Las clases de George Kubler, historiador del arte de América Latina, la llevaron a interesarse por los textiles precolombinos, a los que dedicó un trabajo de fin de estudios. En este contexto, a partir de 1956 comenzó a realizar pequeños tejidos sobre un bastidor hecho por ella misma, que más tarde tituló Minimes. La ligereza de la obra portátil, descrita por la artista como una «compañera de viaje», fomenta una práctica regular que perdura hasta la actualidad.
El interés de Sheila Hicks por los textiles y la elección de este medio para su trabajo artístico no son algo anodino. Utilizado para las prendas de vestir, como soporte de pintura o como un elemento del mobiliario, representa esa fluidez entre las bellas artes y las artes aplicadas, y acerca el arte a la vida. También representa una técnica ideal para dibujar y desplegar el color en el espacio.
Descubrimiento de América Latina
En 1957, Sheila Hicks obtuvo una beca Fulbright para viajar a Chile. Ese fue un año lleno de descubrimientos y encuentros. Hicks viajó a varios países de América Latina y frecuentó comunidades de tejedores, artistas (Jesús Rafael Soto), escritores (Pablo Neruda) y arquitectos (Carlos Villanueva). El fotógrafo Sergio Larrain la invitó a acompañarlo al sur de Chile, donde tomó imágenes de grandiosos paisajes. Estos viajes la inspiraron para hacer muchas fotografías y también fue en esta época cuando empezó a llevar sus primeros cuadernos de bocetos, una práctica que aún mantiene.
Tras recorrer gran parte de Sudamérica en 1957 y 1958, Hicks emprendió un viaje a México: el descubrimiento de paisajes, de yacimientos arqueológicos, de la cultura local y de la creación contemporánea resultó decisivo para la joven, que se instaló en México durante varios años. Antes, en 1959, obtuvo una beca para viajar a Francia y descubrió Europa. A su regreso a México, trabajó con tejedores en pequeños talleres y utilizando técnicas locales, lo que inspiró su propio trabajo. Su carrera despegó a principios de la década de 1960, cuando comenzó a exponer y recibió sus primeros encargos.
La obra abierta
Durante la década de 1960, Sheila Hicks tuvo la oportunidad de trabajar en contextos industriales, donde diseñó telas para tapicería. También recibió varios encargos de interiores de edificios en Nueva York. La experimentación con el formato monumental amplía el marco de sus obras, que tienen tanto que ver con el lenguaje textil como con la escultura y la arquitectura, lo que lleva a la artista a experimentar constantemente con nuevos «escenarios». En 1966, instaló su estudio en París.
Ese mismo año viajó a la región india de Kerala para trabajar en el diseño de varias colecciones textiles en importantes talleres artesanales de tejido. Paralelamente a estos encargos, Hicks continuó desarrollando su trabajo artístico y participó en varias exposiciones, entre ellas, «Wall Hangings» en el MoMA de Nueva York en 1969. En él presentó The Evolving Tapestry: He/She (1967-1968). Esta obra abierta y evolutiva, formada por pilas de elementos de lino y seda, no tiene una forma fija y definitiva y puede mostrarse de diversas maneras. Sus «soft sculptures» (esculturas blandas) la acercan a los movimientos estadounidenses de la antiforma y el posminimalismo.
El reto del arte en la arquitectura
En 1970, el gobierno marroquí invitó a Sheila Hicks a trabajar con los artesanos del país. A Hicks le fascinó la cultura islámica y su vocabulario visual se enriqueció al contacto con las artes, la arquitectura, los zocos y la artesanía.
Viajó a las comunidades rurales, donde aprendió a bordar y tejer con técnicas tradicionales. Cuando más tarde creó tapices en los talleres locales, intentó mantenerse fiel a la maestría que había observado. Allí diseñó tapices murales que incluían formas de arco redondo o en ojiva, que encajan perfectamente con la arquitectura marroquí.
Muchos arquitectos y decoradores se interesaron por su trabajo y le hicieron encargos, por ejemplo en Francia para las tapicerías del Boeing 747 o de la torre IBM en el barrio de negocios de La Défense. Sus creaciones textiles aportan un toque de calidez y a veces de color a estos interiores a menudo fríos y funcionales. En 1977, participó en los decorados de la famosa película El resplandor de Stanley Kubrick. La primera exposición retrospectiva de Sheila Hicks tuvo lugar en 1974 en el Museo Stedelijk de Ámsterdam. Entre otras obras, presenta una gran escultura blanda titulada Trapèze de Cristobal (1971), hecha de lianas de colores que caen del techo y se extienden por el suelo. El color se despliega así en el espacio y la artista llama la atención del espectador sobre su relación con la arquitectura circundante. A través de este juego de colores y materiales, Hicks inventa una nueva percepción que combina vista y tacto.
Posibilidades infinitas
En las décadas siguientes, Sheila Hicks siguió trabajando a escala monumental y adaptando sus obras a los lugares en los que se instalaban. También se interesó por los tejidos o las prendas de ropa manufacturadas, que tomaba prestados allí donde la invitaban, como en Jerusalén en 1980, donde diseñó un entorno textil de 800 metros cuadrados con uniformes de soldados.
Hicks siguió viajando mucho, sobre todo a Japón en 1989, donde realizó una exposición y colaboró con diseñadores, artistas y arquitectos en diversos encargos. En 1993, creó Four Seasons of Mount Fuji, un bajorrelieve multicolor de 103 metros de largo para el vestíbulo de un teatro situado frente al monte Fuji.
Tras tejer lino, lana y seda, Hicks se pasó a la fibra de acero inoxidable a principios de la década de 2000. Las nuevas normas de seguridad, que exigen materiales no inflamables en los lugares públicos, la llevaron a experimentar con nuevos materiales. También adoptó una nueva técnica que permite aplicar el color a alta presión sobre un tejido de poliéster, produciendo así una gran variedad de colores con efectos sin precedentes.
En la década de 2010, Sheila Hicks participó en numerosas exposiciones internacionales, como las bienales de São Paulo (2012), de Whitney (2014), de Sídney (2016) y de Venecia (2017). En el desarrollo de sus obras y su presentación, Sheila Hicks está siempre atenta a las características del espacio que la rodea, para habitarlo lo mejor posible e interactuar con él. Como la arquitectura del museo tiene sus límites, en varias ocasiones instaló sus obras en espacios públicos. Ese fue el caso, por ejemplo, de la obra Hop, Skip, Jump, and Fly. Escape from Gravity (2017), instalada durante un año en el High Line de Nueva York. Se trata de una «composición efímera» formada por largos tubos de colores que serpentean en más de 200 metros por la hierba del skyline.
Fechas: Hasta el 10 de septiembre de 2023
Lugar: Centre Pompidou Málaga