El trabajo de la artista vitoriana Elena Aitzkoa tiende a ser enmarcado en el campo de la escultura, algo que no parece contradecir su intervención específica en la Capilla de los Condes de Fuensaldaña. Al fuerte componente formal que destila su obra se suma sin embargo un interés por la música y la poesía, que no actúan como meros vertebradores del material sino como elementos visibles y activos, como se desprende del talante performativo que gobierna toda su obra.
Zarza Corazón, la intervención de mayor escala realizada por la artista hasta la fecha, está compuesta por un número importante de obras de formatos y materiales diversos que se diseminan a lo largo y ancho de la Capilla. Aitzkoa ensambla en sus piezas muy variadas nociones temporales, pues en ellas el pasado y el presente configuran una unidad indivisible.
Si observamos con atención las esculturas de Elena Aitzkoa percibimos un interés por el retal, por fragmentos que podrían haber formado antes parte de otros objetos y que se reconfiguran en nuevas “situaciones”. Parecen estar siempre ocurriendo, alojadas en la imprecisión del que se sabe proclive a quién sabe qué posibles contingencias.
Y es que en la obra de Elena Aitzkoa lo vivido tiene una impronta esencial. La libertad que se adjudica para acudir a elementos tan dispares, no ya sólo dentro del ámbito de la escultura sino también de la poesía o de la música, produce “momentos” de frescura y exuberancia asombrosos. Uno podría pensar que, si regresa a ver la exposición tras una primera visita, todo podría haber cambiado de sitio, mutado, evolucionado hacia direcciones imprevisibles. No es de extrañar que muchas de las esculturas de la artista tengan el aspecto de hatillos que pudieran trasladarse de un lado a otro, acompañando tal vez a la artista en sus andanzas.
A este dinamismo, y al citado potencial transformador de su obra, contribuye el espacio de la capilla, con su luz cambiante y con la tensión entre la iluminación artificial y la natural.
Fechas: Hasta el 13 de octubre de 2019
Lugar: Museo Patio Herreriano, Valladolid